Cuántas veces te puedes hacer daño a ti mismo. Cuantas veces se pueden dar giros en espirales sin fin. La vida no son círculos. Son espirales eternas, donde, en diferentes niveles, repites aciertos, errores y momentos. Debes descender mucho para vovler a tener algo que entregar, sobretodo cuando diste más de lo que tenías. La vida tampoco son casualidades, es trabajo, es rigor. Nada es gratis, todo se paga y nadie quiere tener créditos con esta vida, ni deberle favores. Mejor andar con sencillo en los bolsillos.
Para saber si sientes algo debes concentrarte en el dolor, que es lo único real. El resto es una mentira con un lindo traje a la medida de ilusión. Intentas matar el dolor pero no puedes y al final se vuelve un viejo conocido que vuelve de vez en cuando silbando esa vieja canción que te revive para volver a patearte en el piso. Y estás vivo. Acaso no vivimos para aprender de errores? Para darnos cuenta lo solos que estamos y lo vacíos que se puede llegar a sentir el ser cuando estás acompañado. La soledad es un viejo compañero que todos conocen. Un amigo en común. Al final todo lo que conoces se va, siendo que podrías haberlo tenido todo.
Defraudas, haces daño, dejas de creer. Conoces, amas, traicionas, defraudas, haces daño, dejas de creer. Conoces. Mientras das vueltas llevas espinas sobre tu cabeza y te sientas en un trono de mentiroso, lleno de pensamientos rotos que no puedes arreglar. Todos cambian, son otras personas y al final uno sigue siendo el mismo. Y yo todavía aquí.
No sé en que me convertiré. Si pudiera empezar de nuevo, lejos, muy lejos de aquí, me cuidaría más. Encontraría la manera de hacerlo.

The Downward Spiral meets Lateralus.
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