sábado, 11 de diciembre de 2010

Ocular























Eran como las dos y cuarto de la mañana, estaba lloviznando y me acerqué a los estacionamientos del costado de market a tapar mi bicicleta. Volví, sintonicé la radio Kioto que tenemos en la bomba en la Radio Corazón y me senté con mi compañero a mirarnos los zapatos por un rato. No pasan muchos autos los días lunes a esa hora. Somos el turno que menos vende. Pasó un poco antes de las tres de la madrugada un taxi Nissan y puso cinco mil pesos. Pagó con vales. Tiene convenio con la bomba.
Mi compañero fue al baño por unos 10 minutos, no más que eso. Cerca de las tres y cuarto llegó un Hyundai Stellar color gris con tres jóvenes arriba. Estoy seguro que eran tres. Sólo habló, y muy poco, el que conducía. Era pequeño, algo masiso, usaba el pelo corto y una parka de esas de colegio marca Resignol. El que iba sentado en el puesto del copiloto y el que iba en el asiento trasero no dijeron nada. Ninguna palabra, como si no respiraran, como si miraran a la nada. Demasiado serios. Supongo que pensaban demasiadas cosas. Cuando comencé a echar la bencina ni siquiera me miraron. Nada. Tengo la certeza que esos tres se conocían mucho, quizás demasiado, más de lo necesario. Algún problema debió haber entre ellos, tal vez venían de atropellar a alguien o de fallarle demasiado a un cuarto integrante del grupo. No sé. Pero que venían de hablar algo demasiado importante, nadie me lo quita de la cabeza.
El conductor pagó con un billete nuevo de diez mil. Le di cuatro mil de cambio. Tres en billetes de mil y dos monedas de quinientos pesos. Me demoré en entregarlo y no tuvo problema en esperarme. Luego de eso se fueron en el más absoluto silencio y sin ninguna prisa aparente.
Después de que volviera mi compañero vimos llegar a unas niñas que venían a comprar cigarros y Redbull con las que tendríamos un pequeño problema, ya que ellas no entendían que no podían fumar mientras estuvieran en la estación. Después de eso pasaron algunos autos nada de lujosos. Un par de taxistas conocidos y un furgón de una compañía telefónica que sólo llenó con aire sus neumáticos. Cerca de las 5 de la mañana vi pasar el Hyundai con los tres tipos silenciosos. Esta vez el conductor venía solo. Yo no lo atendí, fue un colega, y eso me dio tiempo de observarlo con un poco más de atención. Fue curioso. Igual que antes. Como si los otros dos estuvieran ahí sin existir, concentrados en si mismo, mirando nada, pensando demasiado. Sin música, silenciosos y cautos. Echó tres mil, lo que encontré raro ya que hacía pocas horas había echado seis mil. Quién sabe cuanto manejó durante ese tiempo. Luego se fue y sería. Nada más hasta el cambio de turno a las ocho. No sabría decirle nada más, no me fijé en su patente.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Todo lo que ella me dijo

Sal de ahí, aléjate. Olvídate, no te queremos volver a ver mal. Ya te han hecho mucho daño, equivalente al que tú también hiciste. Ahora, si yo estuviera en tu lugar no dejaría de pelear ni un sólo segundo por lo que quiero.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Lo que quieras


La primera vez al menos me pude escapar un poco. Salir, al final, un poco mejor parado. Eso si, lo hice todo mal, pero fui capaz de bloquear un poco. Se lo debo agradecer a mi enfermedad que ocupó casi todo mi tiempo. Mis pensamientos. En verdad eso es mentira. Fue una vía de escape hasta por ahí nomás porque aún así me sorprendía cada noche latiendo cada vez con más fuerzas, revelando el miedo, espantando a los fantasmas de vidas pasadas que venían a mostrarme mi futuro. Supongo que nuevamente volverán. Los espero. Quiero verlo, quiero ver el mar, las olas, la brisa, los túneles y todo lo que me lleva a ti. Sé que volverán. Vuelvan.
No consigo dormir, pienso en las implicaciones de nadar en la profundidad de la soledad y la inseguridad. En las complicaciones. Sé que no es sólo mi imaginación. Sé que es real y duele, daña, mata en vida. Abusa. Patea cuando ya no puedes pararte y están en el suelo arrastrándote por volver atrás y cambiar las palabras sólo un segundo antes de haberlas dicho. De haberlas tatuado en el dolor más profundo del alma. Qué más puedo hacer? Mucho, supongo. Demasiado, pero nunca será suficiente. Nada cambia los hechos, que son concretos, nadie borra las cicatrices. Un florero roto se puede volver a pegar pero quedan las marcas. Siempre es mejor comprar uno nuevo, más bonito, moderno y grande. Yo sigo guardando una carta pegada con cinta. Y el efecto es el mismo. Somos distintos.
Never Forget? Sin perdón ni olvido? He visto peores que vuelven a ser aún más felices. Pintan juntos una reja de madera los sábados, comparten los silencios, el aire, la vida, escuchan sus discos favoritos de la juventud. No sé cuál es la clave para lograrlo, no tengo idea. Los espirales son eternos. Fibonacci se llama, él lo dijo en ecuaciones, yo lo dijo con hechos. La vida se repite, son ciclos.
Ahora estoy parado, lejos. Me sacaste un semicírculo de ventaja, pero voy a empezar a correr lo suficiente. Veloz y sigiloso. Sacaré ventaja y te esperaré en alguna curva. Soy el de lentes.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Not dead

I really tried to play the game of love and I hate to loose, maybe I can win somehow. And so I'll dream of her for a thousand years.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Voces


-Que pase el acusado.
-Jura o promete decir la verdad y nada más que la verdad.
-Prometo.
-Se le acusa de atentar contra su propia vida al lanzarse de una ventana desde un décimo piso.  Eso, por si no lo sabía, es un delito de carácter grave penalizado con cárcel.
-Eso es falso
-¿Qué es falso? ¿Acaso no fue usted el que cayó desde casi 30 pisos? ¿Intenta decir que lo acusamos injustamente?
-No niego que caí, pero no fue para atentar contra mi vida. Fui parte de un complot sin serlo realmente.
-¿A qué se refiere? ¿Lo lanzaron? Testigos afirman que se lanzó por su propia voluntad.
-Me dijeron que lo hiciera.
-¿Lo obligaron?
-No, me lo sugirieron y sólo lo hice.
-Los análisis siquiátricos no arrojaron nada que advierta algún patrón de desorden sicológico o mental. ¿Quiénes se lo sugirieron?
-Los cómics.
-¿Por quién nos toma, señor, por unos niños de educación básica? Esto es una corte seria, no estamos perdiendo el tiempo. Usted no está loco, tomó esa decisión lúcido y en sus cabales.
-Fueron los cómics, ellos me lo dijeron: Salta por la ventana, se valiente.
-¿Y los cómics, según usted, no le advirtieron que se encontraba en un décimo piso a casi 30 metros de altura?
-No era necesario, señor Juez, eso ya lo sabía. Es lo más alto que había llegado.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La vida se puede resumir en algunas pocas canciones



Como en viejas frases que parecieran ya no tener sentido. Parecieran. En un mundo salvaje, no es bueno olvidar.

martes, 23 de noviembre de 2010

Hurt


Cuántas veces te puedes hacer daño a ti mismo. Cuantas veces se pueden dar giros en espirales sin fin. La vida no son círculos. Son espirales eternas, donde, en diferentes niveles, repites aciertos, errores y momentos. Debes descender mucho para vovler a tener algo que entregar, sobretodo cuando diste más de lo que tenías. La vida tampoco son casualidades, es trabajo, es rigor. Nada es gratis, todo se paga y nadie quiere tener créditos con esta vida, ni deberle favores. Mejor andar con sencillo en los bolsillos.
Para saber si sientes algo debes concentrarte en el dolor, que es lo único real. El resto es una mentira con un lindo traje a la medida de ilusión. Intentas matar el dolor pero no puedes y al final se vuelve un viejo conocido que vuelve de vez en cuando silbando esa vieja canción que te revive para volver a patearte en el piso. Y estás vivo. Acaso no vivimos para aprender de errores? Para darnos cuenta lo solos que estamos y lo vacíos que se puede llegar a sentir el ser cuando estás acompañado. La soledad es un viejo compañero que todos conocen. Un amigo en común. Al final todo lo que conoces se va, siendo que podrías haberlo tenido todo.
Defraudas, haces daño, dejas de creer. Conoces, amas, traicionas, defraudas, haces daño, dejas de creer. Conoces. Mientras das vueltas llevas espinas sobre tu cabeza y te sientas en un trono de mentiroso, lleno de pensamientos rotos que no puedes arreglar. Todos cambian, son otras personas y al final uno sigue siendo el mismo. Y yo todavía aquí.
No sé en que me convertiré. Si pudiera empezar de nuevo, lejos, muy lejos de aquí, me cuidaría más. Encontraría la manera de hacerlo.

Y nunca lo sabremos



Lou Barlow, bajista de Dinosaur Jr, también guitarrista de Sebadoh. Together or alone de la época de Sebadoh. Cuanta razón tiene

Final Season


Si mi vida fuera una serie sería, probablemente, uno de los personajes secundarios que aparecen episodio por medio. Nunca hubiera sido JD de Scrubs mientras estuve en la clínica. Hubiera sido como Todd, el abogado perdedor que le teme a Kelso. O hubiera sido Barbas, el doctor con barba que no hablaba. A lo más que podría haber aspirado es a Doug, el patólogo que trabaja en la morgue y siempre se le pierden los cadáveres. Aún así, la temporada ya se acabó y el personaje nunca superó las 10 lineas. Nunca protagonizó algún episodio. No tuvo un final. Sólo se despidió a medias y salió de escena.
Corte. Final de temporada para E.S.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Comics save my soul


Me volví a enviciar. O volví al "origen". No sé como explicarlo, pero hace que sienta bien. Casi completo. Llena mis tardes. Me salva. Siempre estuvieron ahí, en mi repisa, en los estantes de las tiendas especializadas. Esperándome. Los cómics salvan el alma. Y a mí me ayudan a sobrevivir el día día. Considerenme un nerd o un ahueonao. Lo que quieran. Pero leerlos hace bien. Algunos me hacen volver a mi infancia culiá maravillosa, cuando mi mayor preocupación era estar al día con las novedades de los cómics, las revistas especializadas y las películas y sus respectivas bandas sonoras. Ahora volví.
Leí muchas cosas esta semana y me quedan dos. Qué más leeré. Qué más aprenderé. Qué más me mostraran estos culiaos que no conozco pero que por alguna oscura razón les creo. Leí el primer tomo de Sanctuary de Ryochi Ikegami, también Crying Freeman de él mismo. New National Kid del maestro Suehiro Maruo que no me pareció tan grotesco como los otros que he leído de él, nada mal eso si, nunca decepciona. Releí Regreso al Mar de satoshi Kon que murió hace dos meses producto del cáncer.Una pena, de verdad. Estoy releyendo Gamma El hombre de hierro de Yasuhito Yamamoto. Gamma lo dejé colgado cuando chico porque no los alcancé a comprar todos. Ahora tengo los 11 números que la edición de Norma editorial publicó en 1996. También leí la Isla Panorama de Suehiro Maruo. Interesantísima. Muy buena. Como para escribir sobre ella en Loserpower. Lo mejor que he leído en mucho tiempo es La Leyenda de Madre Sarah, dibujado por Takumi Nagayasu y guinizada por KAtsuhiro Otomo. Gracias al maravilloso internet pude conseguir los números que me faltaron leer porque Norma Editorial la dejó colgada en el tomo 4 hace casi 10 años. También me reencanté con las historias pausadas y simples de Jiro Tanugushi. El almanaque de mi padre o Barrio lejano son historias contemplativas que hablan sobre la vida misma, la rutina y como escapar de ella. Poesía en el noveno arte.
Podría seguir, pero tengo que sumergirme en alguna historia y ver si a través de los cómics puedo volver a hacer otra de mis grandes pasiones: Dibujar

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Efectos secundarios


Ok, tengo cáncer. Cáncer a las células acinares de la parótida, para ser más preciso. Empezó como un tumor, me operaron, lo extrajeron fragmentado y luego de la biopsia, determinaron que era un carcinoma. Bien. Fuck Yeah. Después de la operación tengo una parálisis facial en el lado derecho. Aunque es lento el proceso, si ha habido avance. Ahora muevo la la boca y siento un cosquilleo cuando me tocan la mejilla. Hasta ahí estaba bien. Nunca pensé que los tratamientos para acabar con el cáncer eran tan brígidos, tan desgastantes. No es que creyera que la gente fingiera o exagerara. Pero pensé que se podía llevar. Y me equivoqué. Mi tratamiento de radioterapia es focalizado en dos puntos a la parótida, cuello, músculos de la cara y parte de la garganta, afectando el interior de la boca (Lengua, dientes, encías y lo peor: la producción de saliva). Uno es superficial y quema mi piel, la irrita y hace que parte del pelo y barba se caiga y no crezca. El otro es al interior del cráneo, focalizado en el cáncer mismo, ese es el peor. Perdí el gusto y las ganas de salir a hueviar con mis amigos. Por suerte, a mis amigos no los perdí, al contrario. Totalmente al contrario.
Ya han pasado casi 6 semanas del comienzo del tratamiento. Pasé cada maldito día en una clínica fría con gente amable que me llenaba de rayos y energía nuclear para matar mi cáncer. Lo hicieron? Falta, dicen. Incluso después de terminar mis sesiones, debo esperar al menos 6 meses para saber con certeza que ya no soy un Cancer Boy. Pero cuando piensas que estás peor y que nada ni nadie puede demostrar que las oraciones y los rezos le dan salvación a la gente, pasa algo que lo confirma aún más. Debido a la inflamación, las encías que cubrían una de las muelas del juicio se infectó y no pueden extraer la pieza. Por ahora para eso tomo: Antibióticos para la infección, Metropast que no sé para que es pero complemeta el antibiótico, Dentagesic para el dolor más un enjuague anticéptico que ayuda a la limpieza bucal de la zona. Y si a eso le sumo los remedios que me prescribieron para poder llevar mi tratamiento, puedo afirmar que estoy cagado y más lejano que nunca a la fe. Nunca creí mucho, ahora ni pienso en ello, no existe. Soy yo contra esta enfermedad.
Así y todo me río. Así y todo confío en que mi puto cuerpo no se va a quedar y se va a pasear a este cáncer culiao y a todos los efectos secundarios de esta hueá. Denme unos meses, El Rey del Rebote estará de vuelta.

domingo, 24 de octubre de 2010



Aún no

jueves, 21 de octubre de 2010

Puros perdones


Entre mis discos busco esas canciones que me podrían hacer reaccionar. Reviso mis devedés y veo esas mismas películas que ya vi y podrían hacerme abrir los ojos. Pero no funciona. Sigo cerrado, enfocado en mí. El porqué de todo esto está claro y es una lata porque ya fue. Sin esos tropiezos es un hecho que todo sería una fiesta, con números musicales, encantadores de serpientes, alfombras voladoras y emotivos planos a nuestras manos. Pero estoy enfermo. Muy enfermo y debo curarme antes de salir a pelear. Me quedan hartas sesiones y una vida entera llevando esta enfermedad o lo que quede de ella. Por lo tanto es imposible olvidar este periodo, por más esfuerzos que haga ya quedó registrado y mi microcine mental va a exhibir esta mierda de película todos los días al trasnoche. Y peor, se llena.
El mundo que te hice lo sigo guardando, intacto para ti. Incluso hay playas y el océano será tibio. No me olvidé de los restoranes, ni del 505, ni del gran reloj que nos vio nacer. Por mientras lo barro todos los días para que cuando sea el momento siga impoluto. Te lo mereces.
Lo que quieras.

El culpable siempre vuelve a la escena del crimen


Hacía ya diez años que no visitaba la ciudad donde había nacido. Todo estaba tan cambiado... Aunque la esencia de su infancia seguía allí, intacta. Ya nadie se acordaba de él, tan solo era un mero recuerdo, muy vago, que le relacionaba con la tragedia de tantos años atrás.

Caminó tranquilamente por las calles en las que tantas veces había jugado. Se acordó de sus antiguos amigos: de Ignacio, de Jorge y por supuesto de Fernanda y de la última vez que se vieron. Ellos entonces tenían quince años. Pablo consiguió declarársele y esa misma noche se dieron su primer beso. Eso sí que no lo olvidaría jamás... Ella había dejado de llevar el pelo largo hacía tres años, así que se había cortado el pelo a su gusto, y su cuerpo se hizo más esbelto, con aquellas largas piernas de porcelana que tantas veces había deseado él. De pronto, el sonido de una bocina despertó a Pablo de sus recuerdos y le hizo mirar hacia su derecha. Se encontraba en frente de su vieja casa, ahora en proceso de demolición para ser destinada a un bloque de departamentos. Pensó que ya que estaba allí, quizás podría ir a ver a Fernanda. Creía recordar que todavía vivía en casa de sus padres. Caminó con lentitud hacia allí, pensando en qué le diría cuando le viese y si podría besarla como la última vez.
               
Llegó a la gran entrada de aquella casa, más parecida a una pequeña mansión, y llamó a la puerta. Aquello sí que no había cambiado en nada. Todo estaba igual: el césped, la fachada, e incluso las estatuillas del jardín. Salió una mujer algo mayor. Cuando se acercó, Pablo la reconoció, era la madre de Fernanda. Él preguntó por su hija. Se presentó sólo como un viejo amigo, así que ella no se percató de quién era. Entraron en la casa e hizo que el hombre esperase en la sala de estar, que apenas había cambiado en la decoración. Enseguida apareció ella. Estaba radiante, a pesar de que iba vestida con un buzo. Su madre los dejó solos y la joven se acercó a él tratando de recordar.
               
Después de haberse presentado, Pablo se dio cuenta de que ella no estaba tan emocionada como se esperaba. Subieron a la todavía rosa habitación de Fernanda y allí entablaron la típica conversación de “Qué tal te han ido las cosas”, y todo eso. Ella quizás estaba algo distante. Llevaban ya una hora de Conversación cuando Pablo intentó besarla. Ella se resistió y le recordó que ya no eran novios. Aún así, él la forzó un poco. Veía su cuerpo frágil y bello y la estaba deseando cada vez más. La acercó con tanta fuerza hacia sí que le rompió la camiseta blanca que llevaba. Ella hizo esfuerzos por taparse esos blancos y redondos pechos que estaban descubriéndose. Gritó a Pablo que la dejara, pero él la veía tan indefensa que no pudo evitar tumbarla en el suelo y ponerse encima. Fernanda gritaba y gritaba, pero su madre hacía rato que había salido a comprar. Él la violó repetidas veces, violentamente, flagelándola y dejándola casi inconsciente... como hacía diez años. Miró la escena desde arriba: ella tendida en el suelo, desnuda y con la ropa hecha pedazos, tan frágil... De ésta manera, Pablo se sentía poderoso, aunque en realidad no fuera más que un cobarde repugnante... En aquella otra ocasión, Fernanda no se atrevió a delatarle y simplemente se limitó a decir que la violó un encapuchado.
               
Pablo se puso de rodillas y le besó bajo el abdomen. Ella se contrajo un poco y le dijo:
               
-Dime Pablo ¿Cuándo vas a crecer?- Entonces él se puso en pié y observó la cara de repugnancia que ponía su víctima. Abrió los ojos de par en par y se percató de lo que había hecho otra vez. Cobarde, huyó de nuevo, pensando que quizás así desaparecerían los recuerdos de sus maldades. Pensaba que toda la culpa era de ella.

-Sí, la culpa es suya, por ser tan bella, por provocarme. Si no fuera tan guapa no habría pasado esto. Todo es culpa suya...- Y se fue de nuevo, cobarde, gallina, asqueroso.

martes, 5 de octubre de 2010

Fibonacci


Las cosas siempre se repiten. A pequeña escala, claro. Empezar algo pensando en como terminará. O cuándo lo hará. Al menos sé que no lo hago tan mal, es cosa de saber hacia donde voy e interpretar las señales. Tal vez podría resultar, no ahora, no mañana, no estos días nublados y radioactivos. Quizás después, quizás un día en que nos adentremos juntos en la inmensidad del mar, tomados bien fuerte de la mano, superando este miedo culiao. Al menos ya no siento miedo de la vida, al menos tuve momentos, pequeños, en donde me sentí como un niño, feliz,embriagado con tu olor a grande, aprendiendo que es realmente eso que llaman cariño. Cuando me hables no dejes de mirarme, yo no dejaré jamás de escucharte. (@)


miércoles, 1 de septiembre de 2010

Estrella y media

Es triste darse cuenta que el mismo momento nunca es igual para todos, aún cuando pensaste que sí lo era. Cuesta aceptar que para uno era como una película como esas que tienen aventuras, humor, acción, números musicales y romance, mientras que para el otro era un aburrido telefilms, de esos largos y monótonos, con diálogos eternos que no llegan a nada más que asimismo, con mala banda sonora y pésimas actuaciones. Me hubiera gustado que llegásemos a un consenso y darle una buena puntuación a nuestra película. No es tan buena, lo sabemos, pero podríamos empezar con darle, al menos, una estrella y media. Es un buen punto de partida.

domingo, 29 de agosto de 2010

Videodromo

Cuando era pendejo, no sé, 17 ó 18 años, tenía un hábito bien ahueonao, nerd, típico de un hueón con poca vida social. Siempre que veía una película la anotaba en una croquera. Ponía el título, director, protagonistas, año de producción, año en que la vi, con quién y escribía una reseña de la obra. Amontoné muchas croqueras, todas iguales (sufría por conseguir la misma: Colón de composición, tapa roja) con tantas películas que en verdad me preguntaba en que momento tenía el tiempo para verlas. Arrendaba, compraba, copiaba, cambiaba y a veces, sólo a veces, iba al cine. En ese tiempo el internet no era tan rápido como ahora, no había torrent ni taringa. Pero estaba el persa, el euro, el portal, el paseo las palmas y mi tienda favorita que no sé como se llama pero está en Mac.Iver con Huérfanos. Gasté mucha plata en VHS, el devedé era un sueño y el mercado se infectaba con esos odiosos vecedés con películas partidas hasta en 4 cedés. A pesar de todos esos inconvenientes me las arreglaba para tener una gran cantidad de videos y sólo tenía 18 y era recién el 2001. Un día, cuando las películas se podían conseguir con un click, pesqué las libretas y sin siquiera leerlas las metí en un tarro, les eché parafina y las quemé todas. Me quedé como dos horas en el frío de mi patio esperando que los recuerdos de esa vida adolescente, cuando ansiaba dirigir y escribir historias en una cámara, se quemaran junto a fotos, cartas y muchos dibujos que otros hicieron para mí. Apagué el fuego, metí las cenizas en una bolsa, entré a mi casa, prendí la tele y vi una película de gente que escapa y se vuelven a encontrar cuando sus vidas completan sus círculos. Cuando terminó quise escribir en una libreta pero me acordé que me había hecho un Blog.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Everything is gonna be all right

Quería escribir tantas cosas antes de irme a la clínica pero no pude. Estoy en blanco y el miedo me tiene inmóvil. Después, cuando vuelva. Porque de esta salgo, soy el rey del rebote y los tiros de 3 puntos son míos. Shazzz!

domingo, 15 de agosto de 2010

En el verano el mar es más tranquilo


Me llamo Erwin Sepúlveda y este año cumplo muchos años. 8 más de los que debería tener. Este año cumplí un año También. Este año cumplí sueños; míos y de otros que también eran míos. Vi el mar y dejé que la brisa empañara mis lentes hasta quedarme nuevamente ciego y no ver nada. Siempre hay un momento en la vida que es mejor no ver y comenzar a sentir. Suena cursi y meloso. Suena a realidad y la realidad apesta. Y los sueños, lamentablemente se esfuman. Se cumplen y se van. Quedan un ratito, chico, ínfimo, casi imperceptible. Y se alejan con los recuerdos. Los sueños deberían ser eternos. La ilusiones deberían durar hasta ser abuelitos. De otra forma desaparecen para siempre cuando se alcanzan. La felicidad también. La vida es como una rueda de carreta, como un sube y baja, como un avión de papel que lleva escritos los deseos más profundos.
Mi nombre es también Erwin Sepúlveda y alcancé demasiado sueños, más de los permitidos, más de los que merecía. La vida es injusta y bella. Suave y violenta. La espuma del mar es tibia y se queda mucho rato entre la arena hasta que mis píes la tocan. El mar es como la vida porque le tengo mucho miedo. El alma es como el mar porque cuando estoy vacío me siento igual que cuando lo miro y su infinidad me consume en un vacío profundo hasta apretarme el pecho tan fuerte que muero y me ahogo en mí mismo. Cada vez que el alma parte sin mí el desamparo me vuelve un niño en tus brazos de mujer. De adulta que juega a ser una jovencita perdida que busca su lugar en el mundo. En el mar. En el vacío de él. Si supiera remar me embarcaría en el vacío. Si supiera nadar me lanzaría y exploraría el eterno vacío. Sí supiera algo, haría algo. Si supiera más de lo que sé miraría el mar con agrado, bebería de sus aguas saladas. Me haría una gran sopa de fideos en el océano y me alimentaría de él cada vez que no pueda hacerlo de mí mismo.
Mi nombre es Erwin Sepúlveda y quiero llamarme de otra manera. Quiero ser otro. Quiero ser ellos aunque me odie a mí mismo. Le haría el mal a los que no lo merecen porque así nomás es esta vida culiá que se ensaña con los que no pueden defenderse y hace que los buenos siempre ganen. Porque yo soy malo. Siempre fui el malo y este karma de mierda sólo aparece cuando uno entiende que está equivocado y comienza a redimirse, a salvarse.
Siempre que subo al metro intento mirar por las ventanas de los vagones y en la estación no veo nada que me parezca familiar. Nadie me espera en baquedano, nadie me llama en el túnel, ni en el paradero, ni camino a mi casa. Pero a veces, cuando menos lo esperas, caminando por la calle, se siente un olor o una brisa, escuchas una canción o reconoces en un desconocido un gesto, y todo se vuelve a abrir, todo regresa, como una ola.

jueves, 5 de agosto de 2010

5 cm por segundo


Hasta hace poco más de un año y medio, pasé la mayoría de mis fines de semana en buses, terminales, pensiones y ciudades costeras. La razón ahora da lo mismo, pero la situación dio píe para ver muchas cosas extrañas. Me pasaron muchas cosas. Sobre todo en los buses y en los terminales. Vi de todo, desde gente perdida, europeos drogados buscando valparaíso o la salida del metro; auxiliares delincuentes, mucha gente durmiendo, mucha gente que buscaba algo fuera de santiago pensando que al escapar lo encontraría y sobre todo: películas que no alcanzaba a terminar de ver. Vi todos los estrenos en un cóndor bus, películas de acción, cine arte y videos de chayane, pero nunca enteros. Mis viajes duraban casi una hora y media. Y entre que dormía un rato y el auxiliar prendía la tele en el primer peaje, jamás vi los finales. Nunca llegué a los finales.
Las pensiones eras raras, como distantes, medias lóbregas. Algunas eran pintorescas, rascas pero pintorescas, medias folklóricas como diría mi mamá. En algunas se pagaba poco, en otras mucho, en otras lo que valían, pero siempre era un saldo a favor. Siempre valía la pena pasar pellejerías, caminar sólo por el frío, con la brisa del puerto mojándome la cara y los lentes. Pasar por plazas y esquinas apretando con fuerza el celular y la billetera. Mirar a delante y caminar, nomás. Tomar colectivos y bajar rajao el cerro con un reguetón o la corazón de fondo. A veces rodrighino acompaña mis trasnochados regresos de carretes falsos, excusas inverosímiles para oler, esnifar y beber(te). Gente buena que nos salvó, que nos ayudó a ocultar, a tapar, a estar y dormir. Llamados que no nos llegaban asustaban y nos hacían correr por avenidas hasta tomar la 505 o el 7.
A veces me quedaba en lugares cercanos y solo bajaba a píe, sin miedo. Esas eran pensiones más cómodas, pero despertaba siempre, a cada rato y miraba el techo y me parecía todo desconocido y el insomnio se apoderaba de mi descanso. Prendía la tele y veía capítulos repetidos de una serie que nunca vi el final. Videos musicales de bandas que nunca pensé escuchar. Me levantaba al baño, me volvía a lavar los dientes y me acostaba boca abajo para oler el embriagador olor a detergente con que lavaban las gastadas sábanas de mi cama. Era mía porque pagaba. Era mía porque en ella hacíamos lo que hace la gente que es dueña de una cama.
Aún así, con todo, esas pensiones fueron mi hogar por casi dos años. Era de la casa, uno más del barrio. La gente de los quioscos y de las panaderías me saludaban. Los garzones se peleaban para atenderme y echarle mucha cebolla a mi completo. Allá empecé a fumar, a tomar, a comer cebolla con huevo, tomar coca cola y esperar a que salieras para ser felices. Me sentaba a mirar mis zapatillas esperando a que se abriera una ventana y fumarnos un cigarro en la esquina y volver a esperar otra hora. Miraba el cielo, el estero y pensaba en arrendar uno de esos departamentos que tocan las nubes sobre el cerro. Pero al final del fin de semana siempre me iba. Nunca me quedé. Me alejaba sin quererlo y mis vecinos fugaces me despedían. Entre las manos que se movían para decirme hasta pronto, ahí en el andén, veía la tuya y me daba cuenta que en santiago soy sólo un forastero.

domingo, 1 de agosto de 2010

Pisteando como un campeón

 
Me tocan la bocina desde los estacionamientos del edificio. Me hago el hueón un rato, veo twitter y escribo algo intrascendente que no genera reply ni RT. Agarro mis cosas, el notebook y mi bolso, más un plano mal doblado. Bajo. Taxis Voiture me espera con el motor encendido y un chofer dispuesto a pistear como un Schumacher para llevarme a mi lejano destino. Parece un auto esperándome afuera de un banco, después de asaltarlo. Me gusta la idea, pero no el chofer luego de verlo y darme cuenta que es ese viejo guatón hediondo y sin dientes que me habla puras pescás todo el camino. Cada vez que mueve los labios para esbozar alguna frase sin sentido se le mueve el único choclero que le queda. Pobre, una pena que sonrisa mujer sea sólo para mujeres. Mucho feminismo se ha olvidado de estos pobres hombres. Me subo adelante. Me carga hacerlo, no parezco un pasajero, pero estos gallos de los taxis me quieren harto y no me tratan sólo como un pasajero, juran que soy su amigo, su yunta. Ya me veo que un día al salir de la oficina me inviten a un bar rancio a tomar Pilsen y ver un partido del colo. Reviso el plano, veo las correcciones que le hizo mi jefa a algunos detalles estructurales y un par de anotaciones en un cuadro de valores eléctricos. Los entiendo pero no los comparto. El experto soy yo, ella sólo quiere ahorrar omitiendo algunas normas básicas. Doblo el plano y lo dejo en un perfecto A4 con un arrugado marguen de 2cm. Miro al taxista y abro la ventanilla, sé que me va a empezar a hablar.

-al mega, cierto?
-sí, a ver si hoy veo al Luchito Jara, así me alegra el día.
-me cae mal ese hueón.
-tiene los medios hits. Ámame es un clásico.
-ese siempre lo usan en los topless, cuando la niña se empelota le ponen ese lento.
-a qué clase de topless va, que miedo.
-en el centro, nomás. Es más baratito.

El tema me desagrada un poco, no sé cómo decirle que conozco esos topless, qué he estado ahí (en una misión profesional) y que el ambiente es sórdido y de absoluta perdición. El hueón sigue.

-igual nunca he ido solo, ni cagando. Siempre con amigos.
-los amiguitos…
-una vez fuimos a uno que estaba en el caracol de bandera
-salamandra?
-era otro. Te manejai en el tema, veo…
-es que anoche allanaron varios, no sé si ese.
-Ese ya no existe, ayer los tiras entraron al tentación, al peter pan, al xenón…
-y al tú y yo?
-también. Los conocís?
-por fuera nomás, por ahí a veces tomo la micro a mi casa
-bueno, la hueá es que fui una vez a uno de estos, pero era un café topless, los cachai esos?
-supongo, me imagino como son: café con tetas.
-y las mejores tetas.
-puras peruanas, yo creo.
-pero son naturales, mujeres comunes. Me gustan más. Bueno, fuimos con estos amigos míos a tomarnos un café y en medio de esta tarima donde sirven habían dos minitas, compadre. Bailaban, cantaban, se tocaban. Pero sólo los pechos, abajo andaban con un colaless invisible…
-y su señora bien, gracias?
-y cada vez que íbamos a tomarnos el café, se agachaba y nos ponía toda la raja en la cara y nosotros waaaaaa. Había que mirar. Después volvíamos a tomar la taza y de nuevo la minita nos ponía el culo en el café. Al final me lo tomaba siempre frío.
-ah, peligroso, se podría haber quemado los cachetes.
-podrían vender cerveza.
-quiere decir, embellecedor.
-con el puro olor me curo, si pudiera me las culiaría a todas ahí mismo. Eso sí, a los show que fui y había sexo en vivo nunca me eligieron para subir al escenario.
-pero eso debe estar galleteado, no es al azar, están predeterminados.
-no sé, pero fui a varios y vi como dos hueones se hacían chupete a una morenita. Se lo metían por todos lados y a fierro pelao nomás. Perverso, sí.
-me imagino, debe ser duro.
-para la niña?
-me refería al shock visual.
-al qué?
-acá me bajo, se vino rajao.
-como un Schumacher

Me bajo de Daewoo Lanos gris de Don Mauricio y nuevamente me viene esa sensación de asco producto de su cara, su tufo, su diente amarillo que se mueve cada vez que habla y de sus repugnantes aventuras extramaritales en los topless donde yo también estuve y, por suerte, salí vivo, digno y fiel.

Me registro en recepción, salgo y veo como a una cuadra Don Mauricio sube a su taxi a una señora forzosamente rubia. Un campeón, pienso. Todo un Schumacher. Entro y una avalancha de niñas se tiran sobre un deportivo azul eléctrico de alguna estrella farandulera del momento. Harto pitillo fucsia y amarillo pato. Llego al estudio 4 donde graban Un Golpe de Lucho. Está vacío. Sólo los hueones de tramoya que me saludan y me piden el plano. Las luces son tenues, el piso es de espejos y el juego de luces me recuerda un topless. Don Mauricio en mi cabeza. Mejor voy por un café.

dos tardes de mi vida

sino fuera por todo lo que me dio, estaría fumando pasta, robando, vagando por santiago. como antes. perder siempre ha sido una opción recurrente. a veces el faquir pierde la concentración y se clava hasta lo más profundo y deja que chorree el alma hasta mojarte los píes. prendo más cigarros, uno tras otros y me quemo las palmas, me entra el humo por los ojos y por las fosas. debería estar preso, vendado frente al pelotón, viviendo en una mazmorra. necesito otro terremoto, otra tormenta, otro tsunami que se lleve todo esto, limpiarme, quedar vacío de nuevo. formateado, sin virus. pero amo mi vida aunque sé que es una zorra, amo mis dibujos aunque sé que también se borran . alguien dice que los recordará, que los guardará bien en algún lugar que luego olvidará y perderá y morirán solos, entre carpetas, planos, cartas escritas con demasiada ilusión, hojas en blanco que debían ser llenadas con una historia. los finales abiertos no me gustan porque no los entiendo, ni en los libros ni en las películas. no quiero pensar ni tener la responsabilidad de darles un final feliz a todos mis personajes. que solos lleguen a un destino apropiado. eso de que estamos bien es pura mentira, todo está echo tira, en pedacitos demasiado chicos para pegarlos y volver a armar este florero con flores secas y hediondas. prefiero las plazas y esperar, es mejor el campo y amar, mejor ser un afuerino y llegar a un pueblo lejano siendo otro, mentir, decir la verdad, confundir a la gente siendo lo que siempre quise ser y no pude. porque cuesta ser yo, cuenta enganchar conmigo, entender mis propósitos, mis palabras, mis chistes que nunca son chistes, son realidades disfrazadas de malabares y números musicales. hago menos triste la realidad y la verdad. adorno la crueldad con una canción o un dibujo o una foto o un acorde en el bajo. así hasta es divertida. hasta se aprende sufriendo así. pero ya me pasé estos ramos, me los eché y los pasé. que hago dando exámenes si ya salí, si ya ejerzo. el entorno me da claustrofobia, mi encierro me hace sentir mejor. me miro al espejo y pienso que debería echarme gel en el pelo, así tal vez llame la atención. prendo un cigarro y disfruto la magia de estar en el barro.
drug love
era otro año cuando conocí lo que buscaba, cuando encontré lo que conocía. los huevos fritos me quedaron como ojos pero al revés de la emoción. llovían luces de colores y temblaban los caminos que se atochaban de gente que quería vernos. fuimos el alma de ese año que empezaba. subimos y bajamos escaleras que llegaban al mismo lugar. nunca me he cansado de subirlas y seguiré haciéndolo. hasta ahora es lo más alto que he llegado

jueves, 29 de julio de 2010

Que Ves?



Caminar por ese laberinto de calles, con pasajes idénticos al anterior y con olor a decadencia no es muy saludable. Arrastrando las patas. Cagado de calor y con un negro cerrado hasta al cuello que se te pega en todas partes y no te deja respirar tranquilo, sin nada más que pasearte de una estación a otra, tratando de despegar la porquería de goma de la planta de tus zapatillas manchadas con cera que se te pegan al pavimento, no es gracioso. Sin embargo, así era su vida, una vida que no siempre pensó que era una porquería.
Pero en fin, para que vamos a decir que la vida es un campo de rosas… esa frase es muy tonta, porque la vida es un camino de rosas, rosas grandes y de brillantes colores, perfumes embriagadores y grandes y puntiagudas espinas… la vida es una ilusión disfrazada de cansancio. Pero no es lo que nos importa, porque él pensaba un poquito más allá que la media, que la prole.
Se catalogaba como “uno más, un extra”, un extra de una película muda y sin final cierto. Una película de los años 20’, en donde el único personaje que hablaba era el suyo, pero nadie le respondía. Así que aprendió a callarse y a escuchar, a escuchar a los demás hasta que ya no los pudo oír y la gente comenzó a no verlo y él tampoco los veía. Y así se perdió en el silencio de su mundo solitario.
Comenzó a escuchar música de grupos desconocidos, a leer tiras cómicas onda “Olafo” o “Calvin & Hobbes”, pero peores, esas que traen minas en pelota y problemas de gobierno e ingeniería genética. Llegó a jurar que viviría en un remolque en las áridas tierras de El Paso en texas y ver la bandera de méxico flameando en la plaza principal de tijuana. Solo, claro.
Caminaba por esa jungla de cemento, que cada día lo recibía con los brazos abiertos… pero que cada día le hacía más difícil que la dejara. Caliente, vacía y compleja. Repleta de gente que corre, porque en esa ciudad no se camina y tal vez esa era una de las razones por la cual a veces cambiaba el sentido de su marcha y nunca llegaba al lugar que deseaba. Esa era la explicación por la cual a veces era golpeado por alguien invisible cuando caminaba por la calle desolada y silenciosa.
Era un maniquí vivo, un muñeco de las circunstancias, un títere que se jacta de tener todo el estilo de los sin estilo y unos enorme y tristes tras unos horribles anteojos de carey.
Caminaba solo por un mundo atestado de gente, cada cual caminando solo en su propio mundo… tal vez.
Y aunque tenía un amigo, lo había visto madurar y volverse alguien completamente ajeno a su mundillo, un mundillo que en ese tiempo tenía cabida para más de una persona visible. Lo vio convertirse en una persona que se reía de sus chistes, pero que tiraba tallas de oficina, de esas hueás fomes, que se entienden entre los que están al mismo nivel de imbecilidad.
Era un misionero sin misión, un capitán sin pelotón, una persona que luchaba contra algo que cada vez distingue menos: su personalidad y seguridad.
Cuando tenía 13 años era el hueón más contento del planeta, tenía ángel, era rubio y sonrosado, las culebras caminaron el día en que él nació. Era un florero con flores plásticas nuevas, de esas que tienen hasta olor…, pero pasó el tiempo y se dio cuenta que ya no le bastaba cantar “Little Date” a todo pulmón o vender panfletos que aclaraban situaciones creadas para vender panfletos explicativos. La que un momento fue su máxima, en otro fue sólo mierda, y lo que le pareció la realidad tangible en un momento, en otro sólo se le escurrió como aguan entre los dedos.
Pero, ¿cómo llegó a esto?, ¿quién le marcó el camino tan mal?, ¿por qué los pájaros vuelan?, ¿por qué la gallina cruzó la calle?, ¿cómo es que si dios es tan sabio creo a tanta gente infeliz?, ¿cómo funciona la levadura?, todas sin respuesta, porque cuando caminas por un mundo atestado de gente y te sientes más sólo que un dedo, entonces estas y otras muchas más preguntas aparecen en tu mente.
La cosa es que, un día, doblando la esquina de alguna parte de esa jungla sin esquinas, se encontró la cosa más rara que veía hace tiempo: un teléfono blanco. De esos viejos, con rueda para marcar los números… de esos que tu abuelita del campo tiene, esa abuelita que tiene sus vacas marcadas E.S.
Estaba botado en el suelo. Un inmenso cable lo unía a alguna línea, un cable sin fin. Lo tomó y éste sonó. Sonó tan fuerte que lo soltó y rebotó en el piso y le pareció que por un momento el vacío del mundo se hizo pequeño. Lo descolgó y contestó.
¿Aló?
Hola, ¿cómo estás?
¿Quién es?
Estoy celebrando en tu honor
¿Quién es?
Alguien que no tiene idea por qué, pero cree que puede ayudarte.
¿Qué es lo que quieres?
Un dibujo, supe que lo hacías súper bien.
¿Para qué quieres un dibujo mío?
Para poder comprobar cuan buena o mala soy en este momento y romperme en odio hacia a ti si es que me superas.
Suenas convencida, ¿te estás burlando de mí?
¿Eso te gustaría?
No.
A mí tampoco… mira hacía adelante ¿qué ves?
Nada.
¿Qué ves?
La calle, edificios… una hoja de diario cruzando.
¿Qué ves?, ¿Qué ves más allá de tu nariz?, ¿Qué ves más allá de tu propia ceguera?
Por un momento le pareció ver, durante un pestañazo fugaz, mucha gente caminando.
¡¿Qué ves?!
Los flashes de gente y autos se hizo más rápidos.
¿Qué ves?
Gente… autos…
Mira justo frente tuyo, ¿qué ves?
Gente… sólo gente… mucha gente.
¿De dónde habían aparecido?… ¿desde cuando su mundo estaba siendo invadido por seres ajenos a éste?
¿Me ves?
Eres la que tiene la mano levantada al otro lado de la calle.
No lo sé… ¿cómo saberlo?
¿Cómo?, ¿no sabes quien eres?
¿Y tú?, ¿sabes quién eres?
Si, soy la persona que está frente a ti, con jeans y chaleco azul.
Eso es lo que eres, no quien eres.
Se quedó callado, pensó en que después de tanto tiempo de estar solo se encontraba con un ser despreciable que ponía en tela de juicio sus puntos de vista.
Y según tú, ¿quién soy yo?
¿Quién sabe?, si ni tú mismo lo sabes, ¿cómo lo voy a saber yo?
No me está gustando este juego.
¿Cuándo miras hacía acá?, ¿ves mis ojos?, ¿De qué color son?
No lo sé, no los alcanzo a ver.
Y, ¿por qué no cruzas la calle?
¿Por qué tendría que hacerlo?
¿Te haz dado cuenta que jamás haz cruzado una calle?, ¿qué siempre haz vagado por esa manzana?
Eso no es verdad…
¿Cómo que no? Entonces, ven y acompáñame a esta tienda.
Le indicó con un dedo el local que estaba tras ella. Él intentó dar un paso, pero algo se lo impedía, algo inmovilizaba sus pies.
No puedo.
¿Por qué no?
Porque algo no me deja cruzar, ¿por qué no vienes tú?
Porque tampoco he cruzado la calle, jamás.
¡Entonces con qué moral!
Lo siento… pero yo por lo menos veo lo que no te deja moverte y tú sólo me ves a mí a la gente que me rodea, pero no te das cuenta que en tu lado también las hay.
Ya deja de burlarte de mí, ¿quién te crees?
¡No cuelgues!, por favor…
¿Por qué no?, ¿Qué acaso no estabas tan bien sin mí y que sólo haces esto para sentirte superior?, ¡porque no encuentro nada más patético que querer medirlo mediante un dibujo!
Y colgó, y como si nunca hubiese pasado nada, como si nunca hubiese visto nada, todo desapareció y él lo olvidó todo.
Siguió caminando a través de sus largos e inorgánicos días, sin llegar nunca al lugar al cual se dirigía.
Pasando por fuera de una cabina telefónica vio algo que hace bastante tiempo había borrado de su cabeza… una paloma. La vio volar y remontarse en el cielo. De pronto el teléfono sonó, pero no era el de la cabina, sino que el sonido venía de un lugar mucho más cercano. Se puso a buscar el aparato y encontró el cable, lo siguió por varios metros, pero el ruido no se alejaba ni disminuía, cuando llegó al final se dio cuenta de que estaba en el mismo lugar en el que se había encontrado a la chica, pero para mayor sorpresa notó que el teléfono estaba dentro de su vieja mochila que llevaba colgado del hombro, todo el tiempo.
¿Aló?
Hola, ¿cómo has estado?
Bien… ¿quién es?
Yo… ¿ya no me recuerdas?
No, ¿quién es?
¿Por qué todo lo olvidas tan rápidamente?
Porque un caballero no tiene memoria.
O ¿porque en la duda no hay engaño?
Tu tono de sinvergüenza me recuerda a alguien.
Si, hablamos ayer, a esta misma hora… de hecho, te estoy mirando desde la otra orilla.
Pues no te veo.
Entonces, por lo menos mira tus pies.
¿Qué hay con ellos?
Míralos.
No tiene nada… las zapatillas tiene un poco de barro pero nada más.
¿¡Es qué jamás aprenderás a mirar un poco más allá de tu propia imbecilidad?
¡No estoy aquí para que me insultes!
Ni yo para perder mi tiempo…, si no quieres mi ayuda, está bien -. Se giró, porque alguien puso la mano en su hombro -. Pero no creas que esto te va a volver a suceder.
Nadie te pidió que vinieras.
Nadie me lo pidió, pero igual supongo que de algo me serviste… onda paso-nivel, para cruzar la calle. Me alegro de no ser tan estúpida y no darme cuenta que lo que no me deja dar un paso fuera de mi mundo es mi propia falta de seguridad y personalidad. Por lo menos yo me sacaría la porquería que tengo en la cara y que no me deja ver.
Tocó sus ojos y una cosa negra los cubría. Se la sacó a toda velocidad. Era pegajosa y brumosa y olía a duda y miedo. Cuando miró sus pies se dio cuenta que éstos también estaban cubiertos.
Levantó los ojos y se dio cuenta de que el mundo estaba vivo, pero tuvo demasiado miedo para afrontarlo solo… y se quedó allí sentado, junto al teléfono, por si volvía a sonar. Necesitaba un segunda oportunidad.
Vio pasar a muchas generaciones sin que ellas lo vieran, hasta que un día, volvió a sonar.
¿Aló?