domingo, 29 de agosto de 2010

Videodromo

Cuando era pendejo, no sé, 17 ó 18 años, tenía un hábito bien ahueonao, nerd, típico de un hueón con poca vida social. Siempre que veía una película la anotaba en una croquera. Ponía el título, director, protagonistas, año de producción, año en que la vi, con quién y escribía una reseña de la obra. Amontoné muchas croqueras, todas iguales (sufría por conseguir la misma: Colón de composición, tapa roja) con tantas películas que en verdad me preguntaba en que momento tenía el tiempo para verlas. Arrendaba, compraba, copiaba, cambiaba y a veces, sólo a veces, iba al cine. En ese tiempo el internet no era tan rápido como ahora, no había torrent ni taringa. Pero estaba el persa, el euro, el portal, el paseo las palmas y mi tienda favorita que no sé como se llama pero está en Mac.Iver con Huérfanos. Gasté mucha plata en VHS, el devedé era un sueño y el mercado se infectaba con esos odiosos vecedés con películas partidas hasta en 4 cedés. A pesar de todos esos inconvenientes me las arreglaba para tener una gran cantidad de videos y sólo tenía 18 y era recién el 2001. Un día, cuando las películas se podían conseguir con un click, pesqué las libretas y sin siquiera leerlas las metí en un tarro, les eché parafina y las quemé todas. Me quedé como dos horas en el frío de mi patio esperando que los recuerdos de esa vida adolescente, cuando ansiaba dirigir y escribir historias en una cámara, se quemaran junto a fotos, cartas y muchos dibujos que otros hicieron para mí. Apagué el fuego, metí las cenizas en una bolsa, entré a mi casa, prendí la tele y vi una película de gente que escapa y se vuelven a encontrar cuando sus vidas completan sus círculos. Cuando terminó quise escribir en una libreta pero me acordé que me había hecho un Blog.

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